Real Madrid
La fría vendetta de De Laurentiis con Ancelotti
El dueño espero a que clasificara al Nápoles para octavos para despedir a Ancelotti, en 2019, por secundar un motín de la plantilla
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El Nápoles no es un club al uso. Solo el hecho de ser el equipo de fútbol oprobiado por el norte del país, que todo lo que está situado por debajo de Roma lo considera una Italia de segunda categoría, en lo deportivo y en el resto de ámbitos de la vida, le convierte en una entidad especial. No es tan caótica como la ciudad en sí, pero su idiosincrasia tiene un punto excéntrico, tanto en la presidencia como su apasionada masa social. Ingredientes todos ellos que se traducen en relaciones bipolares entre su dueño, sus aficionados y los jugadores.
Bien lo sabe Ancelotti, entrenador del Nápoles en la temporada 2018-19 y despedido en diciembre del siguiente ejercicio, el 2019-20. El motivo, Carletto se puso del lado de sus jugadores cuando De Laurentiis obligó a su equipo a concentrarse a primeros de noviembre, tras una derrota contra la Roma. Los malos resultados habían llevado al Nápoles a la novena plaza de la Serie A, a siete puntos de puestos de Champions y ya sin ninguna opción de pelear por el título, pero los jugadores consideraron que aquella medida del dirigente era un castigo y no un retiro para provocar una reacción. Ese motín fue apoyado, pública y privadamente, por Carletto. El principio de su fin en Nápoles.
Subcampeón en la 2018-2019
En su primera campaña en el club sureño, Ancelotti había logrado un brillante segundo puesto, por detrás de la Juve, en una Serie A en la que entonces tenía el quinto presupuesto. Lo hizo, además, peleando el campeonato durante la mayor parte de la temporada, hasta que en los dos últimos meses ya no pudo seguir el infernal ritmo del equipo turinés. La Juve se llevó el Scudetto con 90 puntos, once más que el Nápoles, que a su vez no tuvo rival para hacerse con el subcampeonato al acabar con diez puntos de ventaja sobre Atalanta e Inter, tercero y cuarto respectivamente.
Acabada la temporada, Ancelotti entendía que el equipo estaba en disposición de volver a ganar la liga italiana, treinta años después de aquellos dos Scudettos logrados con Diego Maradona, pero necesitaba refuerzos de nivel. De Laurentiis no solo no le hizo caso, sino que le comunicó que tenía en mente deshacerse de algunos de las estrellas de la plantilla, como Allan y Koulibaly, y también la intención de no negociar las renovaciones de otras que estaban en el último año de su contrato, como Mertens y el español José Callejón.
Aquella conversación ya provocó la primera grieta con el técnico, como el propio dueño del Nápoles reconoció en abril del pasado año. «No sé si hice lo correcto por el club. Después de la primera temporada debería haberle dicho 'Carlo, no estás hecho para el tipo de fútbol que quieren en Nápoles. Mantenemos nuestra gran amistad, pero el fútbol aquí es otra cosa'», afirmó.
Fue extraño que dos años y medio después de aquel despido, De Laurentiis sacara pecho. Ancelotti, como en todos los clubes que ha estado, se comportó como un señor y solo buscó el bien deportivo, algo incompatible con la mirada empresarial del dueño de la entidad. Productor de cine de éxito, en 2004 se convirtió en el máximo accionista del club, una vez que este quebró y fue descendido a la Serie C.
En solo tres años lo devolvió a la élite y desde entonces es un habitual en la Champions League y en la pelea por el Scudetto, pero en su plan de acción los números están antes que el verde. Primero, las cuentas de ese color, y luego lo demás. No es casualidad que De Laurentiis esté considerado como uno de los negociadores más duros.
«Tiene sus cosas, pero hay que ponerse en su lugar. Levantó a un club muerto por las deudas, se ha desvivido por él y lo tiene peleando con los mejores de Europa», explica a ABC un jugador de aquella época con Ancelotti. «Carlo siempre tuvo un buen comportamiento, pero De Laurentiis entendió que nuestra negativa a concentrarnos, apoyada por el entrenador, era desafiar su autoridad. Y tomó medidas», añade.
Tras el motín, él dirigente esperó a que el Nápoles sellara su clasificación para los octavos de la Champions, a mediados de diciembre, para fulminar a Ancelotti y traer a Gatusso, hasta entonces amigo íntimo de Carletto. Aquello fue considerado una traición por el hoy entrenador del Real Madrid, hasta el punto de romper relaciones con él. No ha sido así con De Laurentiis, a quién no le guarda rencor, a pesar de sus pullas. «Ancelotti es un campeón que sólo tuvo la desgracia de no ser querido por la afición. No tenía la astucia suficiente para hacerlo y no le veían como uno de los nuestros en las curvas». Carletto prefiere ser más práctico: «Hubo momentos buenos y otro no tan buenos. Simplemente, cuando no hay feeling entre un club y un entrenador lo mejor es parar, tanto para el club como para el entrenador. Fue la decisión más correcta para los dos».
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